El 8 de mayo quedó marcado para siempre en la historia de la diócesis de Chulucanas. Hace exactamente un año, el mundo conocía al nuevo sucesor de San Pedro: el Papa León XIV. Sin embargo, mucho antes de aparecer en el balcón del Vaticano vestido de blanco, Robert Prevost caminó por las calles del norte peruano, compartió la vida sencilla de nuestras comunidades y dejó profundas huellas en el corazón de miles de familias.

Hace más de cinco décadas, un joven sacerdote agustino llegó al Perú con una misión clara: evangelizar desde la cercanía con la gente. Y fue Chulucanas la tierra que lo recibió para iniciar un camino pastoral que, sin imaginarlo entonces, terminaría llevándolo hasta la máxima autoridad de la Iglesia Católica.

En aquellos años, la diócesis atravesaba una intensa etapa de trabajo pastoral. Las comunidades necesitaban sacerdotes comprometidos, cercanos y dispuestos a compartir la vida cotidiana del pueblo. Robert Prevost entendió rápidamente esa misión.

Se le veía recorriendo comunidades, acompañando familias, organizando grupos juveniles, formando monaguillos y compartiendo con niños y adultos en los sectores más alejados. No llegó como una autoridad distante. Llegó como un hermano más.

Quienes lo conocieron recuerdan hasta hoy su sencillez, humildad y trato amable. Su mensaje siempre fue claro: la Iglesia debía salir al encuentro de las personas, especialmente de quienes más necesitaban esperanza y acompañamiento.

Su presencia marcó profundamente a comunidades de Chulucanas, Ayabaca y Huancabamba, donde formó parte de una generación de misioneros que fortalecieron la vida pastoral de la región. Para muchos jóvenes de aquella época, el padre Robert fue quien los acercó por primera vez al servicio comunitario, la oración y el compromiso cristiano.

Con el paso de los años, asumió nuevas responsabilidades dentro de la Iglesia Católica. Su trayectoria lo llevó posteriormente a Chiclayo, donde fue nombrado obispo de la diócesis chiclayana. Más adelante sería creado cardenal, consolidando una vida marcada por el servicio pastoral y la sencillez.

Pero, pese a sus nuevas responsabilidades, nunca dejó de mirar a Chulucanas como parte de su historia.

Cada vez que podía regresaba a esta tierra norteña que lo vio iniciar su misión en el Perú. Volvía no como una figura lejana, sino como alguien que seguía sintiéndose parte de esta Iglesia diocesana.

Sus últimas visitas a Chulucanas quedaron grabadas en la memoria de los fieles. Una de ellas ocurrió durante la celebración por los 60 años de creación de la diócesis de Chulucanas, mientras que otra se dio en la ordenación episcopal de monseñor Cristóbal Mejía Corral como nuevo obispo diocesano.

En ambas ocasiones volvió a reencontrarse con sacerdotes, religiosas y familias que aún lo recordaban con enorme cariño, momentos que además fueron acompañados y cubiertos por el equipo periodístico de Chulucanas Noticias.

Pero el vínculo de Robert Prevost con Chulucanas no solo fue pastoral. También fue profundamente humano y familiar.

Aquí dejó amistades entrañables, compadres y personas que hasta hoy lo consideran parte de su familia. Entre ellas se encuentra Mildred Camacho Dioses, su ahijada, quien lleva el nombre de la madre del hoy Papa León XIV: Mildred Agnes Martínez Prevost.

Ese detalle resume quizá mejor que cualquier discurso la cercanía que logró construir con esta tierra. Porque más allá de los cargos y reconocimientos, en Chulucanas se le recuerda como el sacerdote que compartió la vida cotidiana de la comunidad, acompañó familias, celebró bautizos y construyó relaciones sinceras que perduraron durante décadas.

Nadie imaginaba entonces que aquel cardenal cercano y sencillo sería elegido Papa.

El 8 de mayo de 2025, el mundo volvió a escuchar su nombre: Robert Prevost era elegido como nuevo pontífice de la Iglesia Católica y asumía el nombre de León XIV.

La noticia fue celebrada con enorme emoción en el Perú, pero especialmente en Chulucanas. Aquí no se hablaba solamente de un nuevo Papa. Aquí se recordaba al misionero que caminó junto al pueblo, conoció de cerca la realidad de nuestras comunidades y convirtió esta tierra en parte de su propia historia.

El obispo de Chulucanas, monseñor Cristóbal Mejía Corral, resumió ese sentimiento al afirmar que la diócesis tiene “un Papa peruano, un Papa con grandes vínculos con Chulucanas”. Asimismo, recordó que el mejor homenaje no está únicamente en las celebraciones, sino en practicar los valores que siempre enseñó: la humildad, el perdón, la solidaridad y el compromiso con el Evangelio.

Hoy, al cumplirse un año de su pontificado, la diócesis de Chulucanas mira con orgullo ese pasado compartido. Porque antes de convertirse en León XIV, Robert Prevost fue el sacerdote que caminó entre nosotros, escuchó nuestras historias y sembró esperanza en esta tierra norteña.

Y quizá allí radique el verdadero significado de esta fecha: recordar que incluso desde los lugares más sencillos del mundo pueden comenzar historias capaces de transformar la Iglesia universal.